A pesar del escaso apoyo oficial a la dependencia, Asistencia Familiar lleva a cabo una firme y renovada apuesta por la ayuda domiciliaria

Asistencia Familiar (www.asistenciafamiliar21.com) es una empresa especializada que posee una exhaustiva oferta de servicios, que van desde la ayuda a domicilio de personas mayores o discapacitadas, al cuidado de niños; desde los ejercicios de rehabilitación psicofísica para personas con algún trastorno cerebrovascular, a las labores domésticas de cualquier hogar; y desde la formación de profesionales cualificados en el sector sociosanitario a la limpieza de comunidades de vecinos.

En la actualidad, y tras casi dos décadas de experiencia en el sector, Asistencia Familiar ha realizado una ambiciosa apuesta de desarrollo, a partir de un núcleo en Madrid, formado por la propia central y cuatro potentes unidades franquiciadas.

Y con el objetivo de darle la vuelta a esa cifra del 5% de mayores y personas dependientes que goza de algún tipo de atención domiciliaria en España (según los últimos datos del Eurostat), mientras que la media europea alcanza el 18%. Por eso, estos emprendedores quieren transmitir a la gente lo mucho y bien que se está haciendo por toda aquella familia o empresa que precisa de: ayuda a domicilio para personas mayores o discapacitadas, del cuidado de niños pequeños, de ejercicios de rehabilitación psicofísica para personas con algún trastorno cerebrovascular, de simples labores domésticas para cualquier hogar, de la formación de profesionales cualificados en el sector sociosanitario o de la limpieza de comunidades de vecinos.

«Si por algo destaca AF Madrid es por este abanico de posibilidades necesarias en la actualidad», explica Elena García, una auxiliar de enfermería cuya agencia abarca Rivas Vaciamadrid y alrededores. «Tenemos una gama bastante completa, que cubre todas las necesidades de ayuda externa que pudiese tener una familia o una empresa: servicios de limpieza, “canguros” para los niños, reparaciones en hogares u oficinas, e incluso servicios muy específicos, como por ejemplo la atención a mascotas. Me atrajo lo que ofrecía esta marca, y aquí estoy, dispuesta a merendarme el mercado; con toda la ilusión del mundo».

Elena García, franquiciada

Un envite que pasa por un cuidado rediseño de su imagen corporativa, y la puesta en marcha de una nueva plataforma web para potenciar tanto la comercialización de la exhaustiva oferta de servicios descrita, como su crecimiento como concepto de negocio. Tanto en el ámbito de la gestión de residencias de la Tercera Edad, como de centros de día y oficinas de ayuda a domicilio. Su sistema de gestión, que cuenta con el certificado de calidad según la norma ISO 9001/2000, está a disposición de aquellos emprendedores que quieran trabajar bajo el paraguas de su marca, mediante la obtención de una franquicia; para aprovechar una imagen consolidada y un reputado modelo de gestión empresarial, que le ha llevado ya a abrir con éxito, en las casi dos décadas que tiene de existencia la marca, medio centenar de unidades operativas.

«Esta central se ocupa de “pensar globalmente” para que cada franquiciado pueda ocuparse de “actuar localmente”», como explica el director general, Javier Cepedano Valdeón. Cuando este emprendedor puso en marcha un pequeño negocio de cuidados asistenciales, en los 90, la actual Ley de Dependencia no estaba ni en la mente de los políticos que la aprobaron hace nueve años. «Hablar de asistencia social el siglo pasado era hablar de asilos, monjitas, tristeza… Hoy, por fortuna, la gente se ha mentalizado de que los servicios sociales son el cuarto pilar del bienestar».

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Esta empresa especializada en la gestión y prestación de todo tipo de ayuda a domicilio, cuidado de enfermos y de personas mayores, y prestación de servicios domésticos, opera en un sector –el de la asistencia familiar– que es seguramente el de mayor recorrido como negocio, habida cuenta de que, en España, menos de un 5% de los mayores y las personas dependientes goza de algún tipo de atención domiciliaria (según los últimos datos del Eurostat), mientras que la media europea alcanza el 18% y países más avanzados en este terreno, como Suecia, sobrepasan el 23%.

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