Bazares nórdicos para dejarse sorprender

productos Tiger

Un ambiente agradable, una decoración colorista, una música ambiente relajada, una sonrisa en el rostro de los dependientes y una estudiada ubicación de sus tiendas hacen de comprar en la cadena danesa Tiger (tiger-stores.es) una experiencia de lo más agradable. El origen de esta marca danesa –que contrariamente a lo que cree la gente no proviene del, ni se pronuncia como el anglosajón ‘tigre’, sino del danés ‘diez coronas’– se remonta a 1990.

La idea fue de Lennart y Suz Lajboschitz, que querían poner a la venta un ‘stock’ de paraguas heredado de su padre, dándole un valor añadido: a los futuros clientes, que hacían cola bajo la lluvia, estos dos emprendedores les ofrecieron una taza de té y una pasta. Su objetivo era el germen del que surgió su cadena de tiendas, que hoy es toda una multinacional: “Ofrecer a quienes entran en ellas, aunque sea para adquirir un objeto de un euro de valor, una experiencia de compra única”, explica Elisa Sánchez, directora de Tiger Stores Spain, una de las empresas que comercializa la marca Tiger en España. “Mediante un ambiente agradable, una decoración colorista, una música ambiente relajada, una sonrisa en el rostro de los dependientes y una estudiada ubicación de las cerca de 320 tiendas que tenemos abiertas en 21 países de todo el mundo. No se trata de vender por vender, sino de que nuestros clientes se sientan orgullosos de serlo, siquiera cuando adquieren una caja de chinchetas, una banqueta de baño o un paquete de servilletas de colores”.

El crecimiento de Tiger ha huido siempre de la franquicia, pues Lennart y Suz Lajboschitz prefieren asociarse al 50% con cada socio local, es decir, con emprendedores/inversores dispuestos a llevar a cabo la expansión de Tiger por todo su país. Así llegaron los primeros asociados: de Islandia, de Alemania y de Inglaterra. “Y un buen día de 2008, aparecimos por Copenhague dos animosos españoles, con la peregrina idea de clonar el negocio en un país completamente alejado en la frontera sur de Europa, que los daneses apenas conocen como lugar de vacaciones estivales”, recuerda Elisa Sánchez. “Sin embargo, supuso un inmejorable escaparate para mostrar el concepto a otros país como Italia, Grecia o Portugal. Porque el consumidor español es exigente, aprecia mucho el diseño nórdico y le encanta que se le sorprenda”. Hoy, es ya otra historia y este bazar nórdico de diseño, este “Ikea de ciudad” como dice la gente por su diseño nórdico, sus novedades y su respeto a las garantías y derechos de los consumidores, ha llegado ya a Extremo Oriente, donde sin ir más lejos tiene inauguradas cuatro tiendas en Japón.

Dinamarca, Islandia, Alemania, Gran Bretaña, España, Bélgica, República Checa, Finlandia, Islas Feroe, Grecia, Irlanda, Italia, Japón, Letonia, Lituania, Holanda, Noruega, Polonia, Portugal, Suecia… A los nipones, como a los europeos, les atrae la imagen siempre moderna y renovada de esta marca que se enorgullece de su política de responsabilidad social corporativa: en lo ecológico, lo moral y lo ético, que exige mediante auditorías que todos sus proveedores cumplan con una serie de condiciones laborales para sus trabajadores, una vigilancia de sus medidas anticontaminación, etcétera. De hecho, si bien gran parte de sus productos siguen siendo “designed by Tiger”, aunque se fabriquen en el tercer mundo, al menos un 15% de sus proveedores son europeos.

Desde la apertura en 2008 de la primera tienda en Madrid, en la calle de Hermosilla, una decena y media de establecimientos han abierto sus puertas en la capital, además de los inaugurados en Barcelona y otras ciudades del área de influencia de esta sociedad. En total, son más de 40 los bazares nórdicos abiertos al público en nuestro país por seis sociedades diferentes, todas ellas participadas al 50%. De hecho, España es el primer país de toda Europa que ya tiene cerrado el cupo de posibles socios, pues entre los miembros de estas seis sociedades –cuyas sedes centrales están en Murcia, Bilbao, Málaga, La Coruña, Las Palmas de Gran Canaria y Madrid– se reparten península y archipiélagos.

EL UNIVERSO TIGER
En Tiger tenemos la seguridad de ir siempre por delante; y los que nos copian, que no son pocos, hacen lo que pueden por seguirnos. De hecho, como dicen Lennart y Suz, el día que no nos plagien será el momento de preocuparnos…”, concluye Elisa Sánchez, cuya sociedad facturó el pasado 2013 alrededor de 22,2 millones de euros. “Aún así buscamos más color y más diversión, acercar el concepto a sitios donde nunca hubieran pensado hace unos años que pudiese abrir un Tiger y dar empleo a mucha gente”. La plantilla de Tiger España ronda ya las 300 personas, que alcanzan el medio millar en época navideña. Nada se detiene en las oficinas centrales de esta multinacional, pues aunque la imagen de sus establecimientos esté basada en una cierta estética nórdica, los muebles de madera natural han dado paso a un blanco inmaculado. Se acaba de inaugurar un Café Tiger, con juegos de mesa, en Copenhague y Génova, pero la experiencia, de ser exitosa, puede trasladarse pronto al resto de países donde la marca está presente. Igualmente, un pequeño sello discográfico promociona jóvenes talentos, lo mismo que un concurso de fotografía, cuyo primer premio ha sido ganado precisamente por un español. “Forma parte de ese concepto global de que Tiger se convierta en una experiencia en muchos ordenes de la vida. Pensamos incansablemente en cómo sorprender a nuestros clientes”.

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